jueves, 24 de septiembre de 2009

LA NIÑA LOS PEINES : VOZ DE SOMBRA Y DE ESTAÑO FUNDIDO


Hablamos de Pastora María Pavón Cruz más conocida como La Niña de los Peines nació en Sevilla el día 10 de febrero de aquel 1890 y pudo destacar entre muchos cantaores, aquello era impensable, sobre todo, en aquella época en la cual triunfaban nada más que los hombre, quizás fue una mujer revolucionaria respecto al cante,pero sin temor alguno se hizo un hueco en el cante.Ella recordó que en 1901 (me hicieron cantaora....),pues debutó en un tal Café Brillante de Madrid de donde la cogieron para realizarle una gira por toda España.




La recuerdan entoncés como La Niña de los Peines por el cante de un tango suyo " No te peines tu con mis peines que mis peines son de azúcar, que el que con mis Peines se peina hasta los deitos se chupa", moldeadora de muchos cantes asturianos a Tangos que se utilizarían en las fiestas de ella se recuerdan sus Peteneras y los Tangos donde se manejaba perfectamente, además hay que decir que Pastora también bailaba y le gustaba mucho por Bulerías. Más tarde se casará con Pepe Pinto en 1931 en el barrio de la Macarena y en 1969 muere una mujer grandiosa donde las haya y el mito que después sería para las nuevas generaciones. Federico García Lorca dijo de ella "Entonces La Nina de los Peines se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval, y se bebió de un trago un gran vaso de cazalla como fuego, y se sentó a cantar sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada, pero... con duende. Había logrado matar todo el andamiaje de la canción para dejar paso a un duende furioso y abrasador, amigo de vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se rasgaran los trajes casi con el mismo ritmo con que se los rompen los negros antillanos del rito, apelotonados ante la imagen de Santa Bárbara. (...)Una vez, la "cantaora" andaluza Pastora Pavón, La Niña de los Peines, sombrío genio hispánico, equivalente en capacidad de fantasía a Goya o a Rafael el Gallo, cantaba en una tabernilla de Cádiz. Jugaba con su voz de sombra, con su voz de estaño fundido, con su voz cubierta de musgo, y se la enredaba en la cabellera o la mojaba en manzanilla o la perdía por unos jarales oscuros y lejanísimos. Pero nada; era inútil. Los oyentes permanecían callados.

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